Son días importantes en el tenis de Uruguay: por primera vez desde 1999, un jugador de ese país jugará un Grand Slam.
Pablo Cuevas pasó ayer la clasificación. Tiene una historia curiosa: es hijo de Gabriel, un argentino de Concordia, y Lucila, una uruguaya de Salto.
Cuenta su padre que el 31 de diciembre de 1985, festejaban el Año Nuevo en Salto y Lucila no aguantó más. Tuvieron que salir rápidamente para Concordia por las contracciones. “Si demoraban cinco minutos más, nacía en el puente”, les dijeron. La dilatación era de 6 centímetros.
Pablo tiene la doble nacionalidad pero siempre jugó para Uruguay. Es hincha de Independiente y Nacional, y tiene a Gastón Gaudio como ídolo. Como el Gato, juega muy suelto y el revés a una mano es el mejor golpe. Sus entrenadores son argentinos: Hernán Suárez y Oky Rodríguez.

Lo conocí a fines del año pasado en la exhibición de Punta del Este: siempre anda sonriendo, muy relajado. Un dato curioso: el pibe cruza los cinco kilómetros de distancia que separan a las ciudades solito en canoa por el río. Eso también lo ayudó una vez que la salida por Buquebús en Buenos Aires estaba bloqueada por el asunto papeleras: viajó a Concordia y cruzó el río en canoa.
Hoy, sus resultados pasan inadvertidos en los medios argentinos. Seguramente, cuando gane algún torneo importante, recordaremos su parte argentina. Así somos, qué vamos a hacerle.
Un uruguayo creó un blog que sigue al día los pasos de Pablo. El jugador responde cada tanto las preguntas de los visitantes.
Su status de figura en el país vecino sigue creciendo: seguramente la cancha explotará este año cuando juegue la Petrobras. Por lo pronto, él disfruta su clasificación: anoche cenó en un restaurante de Nueva York. Un restaurante uruguayo.