Fue buena

7 abril 2015

La libertad del tenis

Filed under: General — Uri @ 12:01

“La próxima vez que cometa un delito, lo haré en California”, dice Daniel Genis en el comienzo de su historia.

Daniel es hijo de Alexander Genis, uno de los mejores autores según los críticos literarios rusos. Los Genis emigraron desde Letonia hasta Nueva York al final de la década del ’70.

Daniel nació en Estados Unidos, pero se crío entre el vodka, los cigarros y las charlas de intelectuales expatriados de la Unión Soviética. Había tantos libros como humo en el departamento de los Genis en Washington Heights, un barrio de inmigrantes latinos bien al noroeste de Manhattan.

Daniel estudió en el prestigioso colegio secundario público Stuyvesant. Sus buenas notas lo ayudaron a entrar en la New York University (NYU), donde se graduó en Historia francesa.

Daniel también tomó unas clases de tenis en las canchas públicas de Nueva Jersey a mitad de la década del ’90. En ese momento era parte de la movida punk del sur de Nueva York y solventaba sus gastos con la diferencia que hacía entre la compra de cocaína al dealer de su barrio y la venta a sus compañeros de NYU.

El negocio era rentable, pagaba más que gastos y ya daba para el lujo de estudiar en Dinamarca un semestre. Un día de 1999 su cliente fue un agente encubierto. La habilidad del abogado convirtió ese arresto en una probation por cinco años.

En la vida de Genis no fue aislado el problema con las drogas. Después de ser despedido por el agente literario para el que trabajó los años que siguieron a su graduación, su novia de entonces lo introdujo en la heroína. Por característica, la sustancia es altamente adictiva. Genis llegó a consumir 100 dólares diarios y rápidamente se endeudó por más de U$5.000 con un ucraniano pesado de Queens.

El círculo vicioso lo arrasó. Pensó que había tocado fondo cuando desenchufó el televisor que estaba mirando su madre; lo tenía que hacer cash. La rueda seguía girando, Genis tomó un cuchillo de cocina y salió a la calle. Fue una locura de un mes, con 18 asaltos que le reportaron unos 700 dólares.

Podríamos traducir como “El bandido culposo” el apodo que le puso el New York Post cuando publicó sobre su detención y contó su modus operandum. Genis atacaba a sus víctimas cuando estaban por entrar en sus departamentos. Pedía las billeteras, sacaba el efectivo, las devolvía con los documentos y las tarjetas de crédito, se disculpaba y se iba corriendo.

Un consejo de un amigo lo ayudó a salir rápido de ese circuito. Juntó la plata y canceló la deuda con el ucraniano. Limpio de heroína y de robos, Genis se casó, consiguió trabajo como profesor en un secundario de Nueva Jersey y parecía “encarrilar” una vida normal. Hasta que un día de noviembre de 2003, una de sus víctimas lo reconoció mientras caminaba por las calles de Manhattan.

Con el peso de la probation todavía vigente, esos robos por los que estaba denunciado se convirtieron en una condena de diez años, que cumplió en 12 servicios penitenciarios del estado de Nueva York.

En su periplo carcelero, Genis cayó en 2009 en la prisión de mediana seguridad de Groveland. Allí se reencontró con el tenis.

“En esos dos veranos en Groveland mejoré mi saque, pero de todos los deportes por jugar mientras estás en cana, el tenis tiene la carga más pesada con temas de clase y raza. Más fácil es jugar al básquetbol o levantar pesas, créanme”, escribió Genis en un imperdible artículo para Deadspin, del cual traduciré extractos.

Genis cuenta que existe una sola cancha de tenis dentro del servicio penitenciario de Nueva York. La cancha es un pedazo de asfalto con grietas que en el pasado se usaba para jugar al básquetbol. Los presos tenistas se encargaron de transformarla en el court central del Correccional Groveland. Quitaron los aros y pusieron los postes. Una vieja red de voleibol ajustada y las líneas pintadas tan derecho como fue posible. Cuatro raquetas usadas, pelotitas y hay un nuevo entretenimiento en la prisión.

“Jugar al tenis en la cárcel me pareció un lujo. No había tenido una raqueta en la mano desde las clases que había tomado en Nueva Jersey, pero me uní a una banda entusiasmada jugando nuestros pequeños torneos, viendo quién podría ser la estrella de la prisión”,

“¿Estrella? Si, Groveland tuvo su propio John McEnroe y hasta era un poco malhumorado. Vamos a llamarlo Jim. El era un chico de universidad que terminó mal. Lo suficientemente mal para tener su tercera estadía en prisión. Esta vez por un accidente en moto alcoholizado; antes por cocaína. El vino de un ambiente gentil y había jugado toda su vida en las canchas de los suburbios de Rochester, eventualmente se ganó una beca en la universidad. Vivió el estilo de vida de la fraternidad al mango –de hecho más allá del mango. Lo conocí cuando el tenía alrededor de 40 años y, dios, él podía jugar. No había partido parejo entre nosotros a menos que el jugara con los ojos cerrados. Incluso me ganaba jugando con la mano izquierda. La única manera de tener un partido competitivo era haciendo un dobles y con él con el peor compañero (a veces era yo).

“Jim” y Genis no eran los únicos entusiastas. En los torneos de la prisión se sumaba algún estafador con aires de inversionista, un doctor violento o un abogado. Ladrones de guante blanco. “Básicamente una banda de clase media-alta que no le importaba tener que comprar sus propias pelotas (que en la mitad de las veces eran rechazadas por la Sala de Paquetes por no esta correctamente selladas) jugando bajo el penetrante sol sobre la agrietada superficie”, grafica Genis sobre ese “Wimbledon muy seguro” que jugaban en sus cabezas.

“El problema es que no estábamos ahí para divertirnos y trabajar en el revés. Estábamos ahí para ser castigados. En prisión, cualquier cosa que los convictos disfrutan eventualmente se convierte en un problema”.

El otro problema, advierte Genis, fue que en cada torneo que organizaban los “jugadores” eran siempre blancos. Y los blancos son minorías en las cárceles de Nueva York, que cuentan el 80% de sus reclusos entre negros y latinos. Los prisioneros latinos copan la cancha de softball, mientras los negros practican fútbol americano y básquetbol.

El grupo de tenistas carceleros trató de acercar a la mayoría, pero los “invitados” desestimaron rápidamente la oferta. Entre los presos circula la creencia que el “tenis es racista”.

El autor de la nota describe un sabotaje a la práctica del tenis con raquetas partidas, olor a meo en la cancha y pelotas que eran arrojadas por cualquier lado. Incluso cuenta que los guardias de la prisión demoraban para reponer esas raquetas y para reparar las redes tajeadas, mientras rápidamente llegaban los guantes para el béisbol o pintaban los aros de básquet.

La tensión fue en aumento en Groveland y tras una discusión por el pique durante un partido de dobles llegó el primer momento violento para los presos tenistas.

“Un escuadrón de guardias se vino sobre nosotros. Con mi cara contra la pared de ladrillo me dijeron ‘jugador de tenis hijo de puta, vas a aprender tu lección’. Entonces el guardia me dijo que si sacaba mi mano de la pared iba a tener libertad para pegarme con su machete. Cosas similares les estaban pasando a los otros tres. Eventualmente llegó un sargento y descomprimió la situación. Una vez que las cosas se calmaron un poco para que puede hablar cuestioné la razón de todo eso. Resultó que uno de los guardias denunció un “asalto en pandilla” que obviamente nosotros estábamos iniciando en la cancha de tenis. Ninguna persona en ese tenso cuarto realmente creyó una palabra de eso, pero el mensaje era de los policías. Ellos no creían que los criminales encarcelados deben jugar al tenis bajo su torre”.

Según describe Genis fue “Jim” el que trató de convencer a los otros reclusos que el tenis no era racista ni clasista. Llevó los ejemplos de Venus y Serena Williams. Les habló de Arthur Ashe y los invitó a que prueben el deporte. No tuvo mucho éxito entre los prisioneros más radicales. Tampoco con los guardias, que deseaban que llueva cada día de verano para que no pudieran jugar.

Por eso Genis piensa que la próxima vez que cometa un delito será en California. Porque tal vez cumpliría su condena en la prisión de San Quentin, en las afueras de San Francisco.

Hay casi 3.000 convictos en San Quentin. Algunos de ellos por violaciones, asesinatos, estafas o robos a mano armada. Otros cayeron por actos no tan violentos como transgresiones en la vía pública y alguno por problemas de drogadicción.

Dentro de esa prisión edificada en 1852, un oasis de cemento prolijamente pintado de azul y verde, como si se tratara de Indian Wells. La cancha fue construida en 2004 con la ayuda de los reclusos, donaciones privadas y una beca de la USTA.

En esa cárcel el tenis tiene un equipo que los representa. Está en incluido entre los programas de deportes del servicio penitenciario y los presos que ayudan con el mantenimiento de la cancha también pueden inscribirse en las prácticas.

Para formar parte del programa, al igual que los que son parte del equipo de fútbol o de béisbol, los presos tienen que tener un comportamiento perfecto.

Puede haber discusiones por un pique, pero aseguran los mismos presos que en la cancha de tenis nunca hubo un hecho de violencia.

Los sábados la prisión recibe a visitantes voluntarios. Generalmente vecinos de los country clubs de la zona o estudiantes universitarios se acercan para jugar al tenis con los presos.

“Ninguno tira una raqueta, ninguno tiene un berrinche. En mucho de los country clubs es difícil encontrar gente con esa educación”, dice Rose Prado, una socia del Marin Tennis Club que jugó en San Quentin.

Otro éxito del programa de tenis del servicio penitenciario de California es que no existe la segregación de grupos étnicos en el equipo. El reporte de Vice muestra las divisiones y la desconfianza que hay entre ellos en las áreas de recreación. Sin embargo se juntan en el equipo de tenis.

Tal vez la clave del tenis como medio integrador en las cárceles la tiene Christopher Boatman, que recuperó su libertad tras 23 años en San Quentin. “El tenis tiene líneas. Y hay que sacar adentro de esas líneas. Si querés que el juego continúe, tenés que mantener la pelota adentro de esas líneas. Si mantenés la pelota en juego vas a tener éxito en la vida, si la tirás afuera vas a fallar”, dice Bert en el documental de arriba.

Fotos: Del foto-reportaje del LA Times, hecho en 2010; y TotallyCoolPix.com

11 comentarios

  1. hace ya un par de años que leo el blog pero me parece que sin duda rompieron los moldes con esta nota. una de las mejores que hicieron , impresionante historia y mejor relato. De esos que se leen despacio para que no se terminen, muchas gracias!

    el tenis tiene muchas fronteras por romper en cuanto a la integración. hoy sigue siendo, sobre todo en Argentina, un deporte clasista sin sentido,sin razón más que la falta de capacidad (y de ganas) de la ATT para sacarlo a la calle.

    Comentario by niclaus — 7 abril 2015 @ 15:29

  2. Coincido con el comentario de Niclaus: sin dudas una de las mejores notas que han posteado. La forma de mostrar el “lado B” del tenis que tienen fue y es impresionante. Gracias totales!

    Comentario by Damian — 7 abril 2015 @ 15:52

  3. Este post lo chorearon de algún lado??? wow – top 3 de los posts que leí en fuebuena. Excelente. No tengo dudas que el deporte en general es uno de los mejores medios de integración y re-inserción en general. EStaría bueno ver algo similar en Argentina. Saludos!

    Comentario by diegueras — 7 abril 2015 @ 17:19

  4. Excelente, con el espíritu clásico Fuebuena.

    Comentario by fedecba — 8 abril 2015 @ 10:22

  5. CLAP CLAP CLAP, de pie señores, CLAP CLAP CLAP.
    Nada más que agregar, está todo dicho.
    No creo que la AAT tenga interés en el asunto pero _si como dijo Delpo: las cosas están cambiando_ tal vez pueda sugerírselos.

    Comentario by Marianiten — 8 abril 2015 @ 10:39

  6. Excelente Nota. Esta es una de las razones por las q no me can so de entrar al blog diariamente en busca del nuevo post.
    Gracias!

    Comentario by ElSajon — 8 abril 2015 @ 11:28

  7. Te quiero mucho fuebuena.
    Gracias.

    Comentario by Lea — 8 abril 2015 @ 23:11

  8. Muy linda nota, con mucha información. Gracias.

    Comentario by cuervo negro — 9 abril 2015 @ 00:59

  9. Excelente post, felicitaciones !!!

    Comentario by Superblack — 9 abril 2015 @ 17:30

  10. Coincido con el resto de los comentarios. Muy interesante informe, de lo mejor que les leí desde que los sigo. ¡Muchas gracias!

    Comentario by Mr. Io — 11 abril 2015 @ 06:17

  11. Gran nota. Felicitaciones.
    Me gustó mucho el título, simple pero a la vez, dice mucho del artículo.

    Comentario by marianonagy — 11 abril 2015 @ 10:46

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