Fue buena

21 abril 2015

Bacsinszky por fin encontró su paz

Filed under: Notas — Uri @ 16:12

Dos años atrás, Timea Bacsinszky había decidido que una pasantía en un hotel cinco estrellas en Villiars era su mejor destino, su lugar de paz. El tenis estaba enterrado para ella. Prefería servir café a los huéspedes que luchar contra una lesión en el pie, pero más que nada, contra la presión de un padre abusivo. “Siempre me gustó ocuparme de la gente”, decía ella a sus amigos, justificando su decisión


El paisaje en Villiers, Suiza.

En 2011 la suiza había sufrido un accidente no tenístico sobre el que evita comentar en las entrevistas. El recuerdo está en forma de cicatriz sobre el empeine de su pie izquierdo y también queda expuesto en los diez meses de ausencia del circuito. Tardó en recuperarse y cayó el puesto 37 al 500 del ranking.

En su intento por volver visitó Brasilia, Buenos Aires y Asunción jugando torneos ITF. Escalar la montaña nuevamente no entusiasmaba a Bacsinszky, que no tenía paciencia para un proceso largo y complicado.

“En ese momento quería todo ya y los resultados no se daban de esa manera. Ponía metas y nunca las podía cumplir. Al final perdí la motivación empecé a preguntar qué era lo que quería”, recordaba Timi Bacsinszky en Roland Garros del año pasado en una nota con New York Times.


Bacsinszky contra el sol de Miami.

“¿Realmente deseaba jugar? ¿O lo hago simplemente porque tengo talento y todos esperan mucho de mí?”, recuerda preguntarse la suiza de 25 años.

Las respuestas las encontró después de dos meses de trabajo en el hotel, un martes que en su teléfono cayó un mail automático de WTA que le indicaba que estaba adentro de la clasificación para Roland Garros.

Le avisó a su jefe y se tomó unos días. Agarró algunas raquetas que tenía a mano y manejó cinco horas de Laussane hasta París. Perdió en la primera rueda, pero le picó el bichito y volvió a intentarlo en la qualy de Wimbledon.

El camino de vuelta no fue sencillo, pero al año siguiente consiguió clasificarse al Abierto francés, también a Wimbledon y se instaló de nuevo en el top 100.

En este 2015 Bacsinszky ganó 23 de 26 partidos y fue campeona en semanas consecutivas en Acapulco y Monterrey. “Es increíble, no tengo palabras”, dijo el fin de semana, después de darle a Suiza los tres puntos para superar 3-2 Polonia en los play-offs de la Fed Cup.

Bacsinszky explicó en marzo la receta del su éxito en esta temporada. “Además de trabajar duro sin esperar resultados inmediatos siento que me he convertido en más profesional, tanto fuera como dentro de la cancha. Me las arreglé para encontrar un buen balance entre la Timea jugadora y la Timea mujer. Básicamente, estoy en paz conmigo”, decía en una entrevista con el diario suizo Le Matin.

La paz es algo que Bacsinszky no había encontrado desde que empezó a jugar al tenis. Su historia no fue fácil, entre presiones y la presión psicológica de su padre.

Igor nació en Hungría y, después de un frustrado matrimonio, se instaló en Suiza para dar clases de tenis. A los añosvolvió a casarse, esta vez con Suzzane, una odontóloga de Laussane. En junio de 1989 nació Timea y a los tres años Igor la llevó por primera vez a la cancha de tenis. Se entusiasmó porque la facilidad que mostraba Timi no la había percibido con los dos hijos de su primer matrimonio.


Timea después de ganar un torneo juvenil con sus padres Suzzane e Igor.

Empujada por su padre, Bacsinszky empezó a competir y creció viendo jugar a Martina Hingis, luego a Roger Federer. Se enamoró del tenis, pero los resultados y su padre le pusieron más presión aún. En 2002 y 2003 ganó el torneo Le Petit Aces, compartiendo con Hingis el mérito de ser las únicas bicampeonas en la historia del prestigioso torneo de infantiles.

En la infancia de Bacsinszky el tenis fue lo mejor y lo peor. “Era bueno ser reconocida y tener la atención en mí», destacó para rápidamente contrastar. «Mi padre nunca se ocupó de mí, excepto en una cancha de tenis. Ocuparse de un chico no es tirarle una pelota de tenis. Yo no tuve un padre, no lo veo nunca, no le hablo. Así es la relación”, le dijo la suiza a L´Equipe durante Indian Wells.

 “Me acuerdo que había líneas de teléfono para chicos que eran maltratados y pensé en llamar, pero tenía miedo de que él (por su padre Igor) viera en el resumen del teléfono que yo había marcado ese número”, reveló Bacsinszky.

Igor era un padre abusivo, que presionaba hasta pasar los límites. Bacsinszky encontró que con la raqueta en la mano era la única forma de desafiar el rigor de su progenitor. Si él le decía que tenía que jugar cruzado, ella lo hacía paralelo.

“Nunca me golpeó, pero me dio algunas bofetadas o me tiró del pelo. La agresión era más psicológica. Pensé en escaparme. Busqué en internet cómo hacer un escape exitoso. Descubrí que sufrí de padres sobre exigentes, que es algo muy común en el tenis. La WTA prefiere contar todas las historias lindas, pero si miro alrededor, si miro las estadísticas…”, detalla Bacsinszky.

Las cosas cada vez se ponían peores. A los 15 años llegó el primer sponsor para Timea. Con la plata, su padre decidió renunciar al trabajo para dedicarse 100% a entrenarla. “Fue el peor momento de mi vida”, recuerda la actual 22 del mundo. Con el dinero en la cuenta bancaria, Igor le hacía regalos. “Era la zanahoria para que siga entrenando”.

Meses después,  la situación ya era insostenible. “Le pedí a mi madre que se divorcie. Si no lo hacían, me hubiera escapado, porque no quería verlos nunca más”, decía Bacsinszky, que por ese entonces empezó a mentirle a su padre para evitarlo. Entonces se refugiaba en la escuela, donde se alegraba aprendiendo de la cultura suiza.

“A mí me robaron mi infancia, me robaron mi adolescencia. No podías sacar a Timea del tenis. Mi único deseo era dejar de jugar. Lo peor es que jugaba mejor. Es que cuando estaba en la cancha era el único momento en que me podía escapar de su control. Y para que no se me venga encima debía ganar. Cuando estás asustado de lo que puede pasar si perdés, desarrollás algo especial. Creo que yo amaba competir. ¿A qué chico no le gusta ganar? Estoy convencida que desde muy chica amé al tenis, pero él me hizo odiarlo”, tira en crudo Bacsinszky.

El análisis de Bacsinszky trae la ayuda de un psicólogo. Hace dos años que tiene sesiones que la ayudan a “entender por qué no di más antes”. Y explica: “Si yo brillaba, él brillaba”.

La lesión de 2011 le dio ese tiempo para pensar, salir y ver qué había afuera del tenis. “En cierta forma fue bueno la lesión. Me puse a pensar qué quería hacer. Me anoté en la carrera de hotelería. Al final nunca empecé, pero tal vez volveré cuando deje de jugar”, dice ya en paz, Bacsinszky que vuelve a sentir la cancha de tenis como su mejor destino.

 

1 comentario

  1. No hay mas cirugías posibles. No hay mas ilusiones. Game over JM, gracias por tanto.

    Comment por hindenburg — 27 abril 2015 @ 08:07

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