Fue buena

19 octubre 2015

La historia que Billie Jean no quiso creer

Filed under: Curiosidades — Uri @ 13:03

Machista, apostador y estafador. Son las primeras tres características que aportan quienes estuvieron cerca de Bobby Riggs. Hace rato había dejado atrás su carrera de tenista, en la cual se destacó durante el inicio de la Segunda Guerra Mundial. A sus amigos y a quien se le parara cerca le taladraba el oído contándoles que antes de que se cancelaran los Grand Slams había ganado en Wimbledon. Fue en dobles junto a Elwood Cooke, en 1939.

Habían pasado más de 30 años de aquel título y buscando saciar su necesidad competitiva, Riggs iba seguido a Las Vegas, jugaba por plata al golf y desafiaba al tenis a los socios del club. Bravucón como era, los provocaba con su show. Jugaba con la mano menos hábil, ponía sillas en la cancha y hasta se disfrazaba de mujer y llevaba un paraguas en la mano para levantar más apuestas en su contra.

Era uno de sus vicios. Podía apostar a una partida de bowling, al fútbol americano, béisbol o peleas de boxeo. «No lo hago por la plata, me gusta la adrenalina», reconocía a mediados de los ’70 en «60 minutes», el programa periodístico más importante de Estados Unidos.

Riggs, ya con anteojos de marco negro, patillas y un corte de pelo a lo Austin Powers era entrevistado en televisión nacional y había vuelto a la fama desde que desafió a la australiana Margaret Court, entonces Nº1 en el circuito de mujeres, en un circo que debió montar para pagar sus deudas con la mafia.

UN SECRETO EN EL CAMPO DE GOLF

Un genial artículo publicado por ESPN Magazine contiene el testimonio de Hal Shaw, que en la década del 70 arreglaba palos de golf en un club de golf en Florida y se topó por casualidad con un secreto que luego mantendría durante 40 años.

Una noche de invierno, mientras terminaba sus últimos trabajos casi en la oscuridad, escuchó que un grupo de hombres irrumpió en la tienda. Se asustó y se escondió. Apagó la luz y trabó la puerta de la sala de bolsas. Desde su perspectiva podía ver a cuatro hombres sentados alrededor del mostrador. Reconoció a uno, que era el marido de una mujer a la que le daba clases de golf en el Palma Ceia Country Club de Tampa. Su nombre era Frank Ragano, abogado que trabajaba con mafiosos. Shaw seguía mirando y asoció a otros dos hombres por las fotos que veía en los diarios. Eran efectivamente Santo Traficante Jr., jefe de la mafia en la Florida y Carlo Marcello, cabecilla de la mafia en New Orleans.


Carlo Marcello y Santo Trafficante (segundo y tercero desde la izquierda) en un almuerzo en Forest Hills, previo a un juicio a la Cosa Nostra.

Según recuerda el artículo, Trafficante y Marcello, ya fallecidos, eran dos de los pesos pesado de la mafia en Estados Unidos. Incluso Marcello confesaría más tarde a un informante del FBI que él dio la orden para asesinar a John F. Kennedy.

A esos personajes, según escuchó un petrificado Shaw, Bobby Riggs les debía 100 mil dólares (que a plata de hoy, según la calculadora de inflación, serían unos $537.472,97) por préstamos para apuestas deportivas. Según relató Shaw, que en ese entonces tenía 39 años, lo que discutían los mafiosos era el plan de Riggs para devolver ese dinero.

Ragano mencionaba dos partidos que Riggs arreglaría. El primero contra Margaret Court y el segundo contra Billie Jean King. «Por la popularidad que tiene King será un slam dunk (un golazo)», decía Ragano intentando convencer a sus clientes.

EL PLAN DE SUGAR DADDY

Riggs volvía cada verano boreal al All England Lawn Tennis Club para mirar «el campeonato». Allí tenía los privilegios de haber sido campeón de Wimbledon. La película «When Billie beat Bobby» -basada en entrevistas con Billie Jean King- muestra cómo fue el primer acercamiento del verborrágico Riggs para intentar arreglar el partido que más tarde fue promovido como «La Batalla de los Sexos».

Era 1972 y King trataba de convencer a sus colegas de fundar la WTA, para así poder pelear por la igualdad de derechos de las mujeres en el tenis. Para King, que ya había ganado seis de sus 12 Grand Slam, la propuesta de Riggs era un circo al que no quería sumarse.

La estrategia de Riggs tras el rechazo de King fue intentar convencer a la australiana Court, una de las antagónicas de King. Con la promesa de 10 mil dólares por el partido, Riggs tuvo un rápido sí de la australiana, que le pidió que terminara de arreglar los detalles con su marido.

Court estaba en la vereda de enfrente a la de King cuando se discutía si las mujeres debieran hacer una huelga y formar la WTA o si debían protestar por igualdad de premios en los Grand Slams. Mientras la estadounidense era combativa, Court prefería quedar al margen.

EL CONTEXTO

Su espíritu tampoco era desafiante, y cuando aceptó el partido contra Riggs no tuvo demasiado en cuenta el contexto. Los ’60 fueron los años de la segunda ola de lucha por la igualdad de derechos para la mujer. Si a principios del siglo XX se habían conseguido derechos legales (sufragio, propiedad, etcétera), las mentes más abiertas de esos años instalaron la disputa por la igualdad de condiciones en el trabajo, el poder en la familia y la libertad de la sexualidad.

Las protestas tenían voz y cada vez más fuerza con marchas y publicaciones en Europa y en Estados Unidos. Las mujeres tiraban corpiños y medias de nylon al tacho de basura y pedían ser tratadas con respeto, no como un objeto. BJK siempre fue un reflejo de esa lucha.

«Fue un tiempo difícil», reconocía Court en 2005 en una entrevista con el New York Times. «En ese momento pensé: es sólo otro hombre con una bocota».

Court había pasado casi un año afuera de las canchas por el nacimiento de su primer hijo, pero el retorno en el Abierto de Australia la tenía campeona y llegaba a mayo de 1973 lista para el partido ante Riggs. «Les he ganado a hombres mucho mejores que él durante las prácticas», decía Court a la prensa en los días previos al partido.

Riggs, con 55 años, pasaba a visitar al nutricionista top de Hollywood y tomaba 400 grageas de vitaminas al día para resistir los entrenamientos que hacía en Park Newport, en California. Larry, el único de sus hijos que se destacó como tenista, fue su entrenador durante tres meses. «Corríamos todas las mañanas y entrenábamos hasta seis horas por día. Estaba jugando el mejor tenis de su vida», recordó Larry.

Durante las prácticas, Riggs aprovechaba para condimentar el duelo y no dudaba en mostrar inscripciones machistas en sus remeras. «WORMS», el acronismo en inglés por World Organization for the Retention of Male Supremacy (Organización Mundial por la Retención de la Supremacía Masculina) era su favorita.

LA MASACRE DEL DÍA DE LA MADRE

Todo era parte del show de Riggs para convencer a sus amigos en Las Vegas de que era el favorito a ganar. Con un 5-2 entre los apostadores llegó el día del partido. Televisión en vivo y la tribuna llena aplaudiendo a Court cuando ella ingresó con su vestido amarillo y verde, con su nombre y apellido impresos en el cuello del atuendo.

Las damas primero, pareció el gesto de Riggs, que entró a la cancha un minuto después con un ramo de rosas. «Para la madre más linda del tenis», le dijo con intención de ablandarla. «Feliz día de la madre», completó.

El truco le funcionó a Riggs que se aprovechó de los nervios de Court. La australiana no podía meter el saque y apenas puso en juego 17 de l0s primeros 38 puntos con el primero. Tensa, devorada por el show y la puesta en escena del zorro Riggs.

Court nunca pudo recuperarse y en 57 minutos el sobrepromocionado partido terminaba con victoria para Riggs por 6-2 y 6-1, en lo que la historia recuerda como «La Masacre del Día de la Madre».

EL SLAM DUNK 

King no pudo seguir el partido, pero se enteró del resultado cuando bajó del avión que la trasladó de Tokio a Hawaii. También se enteró de lo que dijo el bravucón de Riggs, preparando el terreno. «Ahora quiero a King. Jugaré contra ella en pasto, cemento, polvo, mármol, madera o sobre patines», había declarado Riggs ante las cámaras de TV. «Soy un especialista en mujeres ahora», agregó.

Riggs se mordió los labios y agregó. «Ahora la quiero a ella que es la líder feminista».

¡Bum! Entre la furia y el desafío, King estaba adentro del partido.

Una semana después de ganar su quinto Wimbledon, Billie-Jean asistía al Town Tennis Club de Manhattan para anunciar el partido. «Personalmente, desaría que las mujeres estén en casa ocupándose de la cocina, cuidando a los bebés y ser competentes en las áreas en las que pueden ser competentes», le decía en la cara Riggs.

Jerry Perenchio, productor de televisión y promotor de boxeo, replicó la fórmula del Ali-Frazier y puso una bolsa de 100 mil dólares (la cifra que debía Riggs) para el que gane el partido al mejor -o a la mejor- de cinco sets.

Televisión nacional, 30 mil entradas vendidas en el Astrodome de Houston y promociones de todo tipo. King se subió al circo de Riggs y el partido capturó la atención de millones. Las cuevas de apuestas en Las Vegas a las que Riggs debía sacaron su tajada. «Un slam dunk», como decía el abogado Ragano.

Riggs era una celebridad, protagonizaba comerciales para American Express, no rechazaba entrevistas ni invitaciones a fiestas. Así fueron las ocho semanas de preparación para el partido. Riggs se encargó de alimentar su fama de «macho» contando hazañas en fiestas. Alcohol, cigarrillos y apuestas.

Mientras, King se entrenaba seriamente en Carolina del Sur y bromeaba con su hermano que debía apostar la casa familiar en ese partido. Así de segura estaba.

LA BATALLA DE LOS SEXOS

La noche del 20 de septiembre de 1973 el domo gigante donde jugaban los Astros de Houston estaba repleto. Grupos machistas y feministas llevaban sus mensajes en las remeras, carteles y sombreros. En total 30.472 personas pagaron la entrada, más que para cualquier otro partido de tenis en la historia en suelo estadounidense.

Riggs y King entraron en carruajes, no faltaron las porristas ni los famosos en las primeras filas. Las apuestas en Las Vegas iban con el caballero. El show estaba montado y aquella vez fue Riggs, de 55 años, el que no pudo sostenerlo.

Billie Jean se mostró agresiva desde el primer punto. Su fuerte personalidad estaba en la cancha. Del otro lado de la red, un Riggs con casi siete kilos más que en el partido ante Court llenaba el Astrodome de errores, especialmente con el saque en momentos importantes. «¿Qué acabo de hacer?», le preguntaba luego de la derrota a su hijo.

King ganó el partido con autoridad por 6-4, 6-3 y 6-3. Hasta su muerte en 1995, Riggs alabaría los méritos de King, «que jugó el partido de su vida».

Sin embargo, su hijo Larry y varios amigos no dudan de que «por un dólar Bobby podía hacer cualquier cosa».

«¿Conocía a los mafiosos? Absolutamente. ¿Es posible que le hayan dicho de hacer alguna mierda? Es posible que le hayan dicho de hacerlo», reconoció Larry Riggs a Out the Lines, de ESPN.

«Apostaría mi vida a que Bobby no hizo algo así»,  arriesgó King. «No es posible que Bobby lo haya hecho. Tal vez lo discutieron ellos porque son mafiosos, pero el no pensó en hacerlo. Ese no era Bobby, él no se involucraba con mafiosos», agregó la campeona de 12 Grand Slams.

El periodista de ESPN le dice a King que en realidad Riggs tenía vínculos con mafiosos y la cara de BJK se transforma. Según aporta Larry Riggs, uno de los compañeros de golf de su padre en Chicago era Jackie «The Lackey» Cerone, uno de los matones de Sam Giancana.

«Sé cuándo un jugador tira el partido y sé que Bobby quería ganar ese partido. Lo ves en sus ojos, en cada cambio de lado. He jugado partidos con jugadores que fueron a menos y sabes cómo es, y no fue como estuvo Bobby», remarcó King sin creer la historia.

LOS CAMBIOS SEGÚN BJK

Para King, que desde entonces representó la voz en la lucha contra la inequidad entre mujeres y hombres, hay cosas que no cambiaron en estos 42 años. En una entrevista con CNN la semana pasada volvió a referirse a aquel partido.

«Cuando jugué ese partido con Bobby me daba cuenta de que Howard Cossell (el comentarista) hablaba de mi look todo el tiempo», dijo King, de 71 años. «Y ahora pasa exactamente lo mismo. Siguen hablando de cómo lucen», agregó la estadounidense.

Después de que Serena Williams ganara su 21 Grand Slam, la revista del New York Times publicó una historia sobre su forma física. «Eso me vuelve loca. ¿Saben qué? Paren de evaluarnos. Ella probablemente sea la mejor de todos los tiempos. Mejor paren de hablar de eso. Hablen de sus logros», criticó King. «O mejor evaluemos a Tom Brady, ¿lo vieron en las pruebas de la NFL?«, retrucó BJK.

King volvió sobre aquel partido con Riggs y remarcó que cambió «la percepción» de hombres y mujeres. «Que las mujeres hayan salido con mucha confianza y alta autoestima. Por primera vez pidieron aumentos, recuerdo. Y lo más importante es que lo obtuvieron», dijo.

«Pienso en todo los cambios y las mujeres en 1973 no podían ni tener una tarjeta de crédito a su nombre. Tenían que firmar con sus maridos. La gente no lo recuerda, todos se han olvidado», remarcó King.

UNA HISTORIA DE PELÍCULA

La Batalla de los Sexos volverá a ser tema de conversación en 2016. En Hollywood se están filmando dos películas sobre lo que rodeó a aquel partido. Will Ferrell protagonizará Match Maker, una historia basada en la historia que arriba contamos. Sobre la Batalla de los Sexos también hay un largometraje previsto con Steve Carrell interpretando a Riggs. HBO es otro que tiene en proyecto un film con Elizabeth Banks y Paul Giamatti sobre la misma trama. Será interesante ver los diferentes ángulos que encontrarán de la historia.

 

1 comentario

  1. Moooooooooyyyy buuueeeeeeeeee!

    Comment por diegueras — 19 octubre 2015 @ 17:03

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