Fue buena

7 octubre 2017

Mundo junior

Filed under: Info — Marcos @ 20:25

Todo comienza en los torneos de menores. Estuvimos en la Copa Chevallier, uno de los torneos juniors más importantes del calendario nacional, que termina este domingo con las finales en el club Hebraica de Pilar, Buenos Aires. Nos probamos en el ensayo fotográfico (?), también subimos stories en Instagram y escribimos estos pequeños relatos sobre el mundo juvenil local.

Editado con los campeones:
Sub12: Lucía Peyre y Nicolás Eli
Sub14: C. Desia D’Abarno y Francisco Pini
Sub16 y 18: Emma Kiernan y Germán Delcanto

Así como alguna vez presentamos historias de juniors de otros países que hoy son top ten profesionales, sepa usted, internauta (?), que lo que leerá abajo no es extraño.

La primera impresión tras la Copa Chevallier, el 5º Nacional G1 del circuito de menores de la Asociación Argentina de Tenis, es que la mayoría de chicos tienen múltiples personalidades: adolescentes o pre-adolescentes con la energía de la “edad del pavo”, amigueros -de los demás chicos y del teléfono móvil- y sin tiempo para responsabilidades, son a la vez “profesionales” ensamblados en cuerpos diminutos cuando compiten, capaces de convertirse en máquinas que ejecutan golpes de alta complejidad o de reproducir gestos de jugadores ya consagrados, de gritar ¡Vamos! (o c’mons, aunque todos sean argentinos) hasta en un simple 15-0 del primer game del partido.

Son personas y profesionales en formación.

De tanto cruzarse, aunque sea de paso, los chicos se conocen más de lo que uno cree.

EL ORGULLO DE UNA CIUDAD

Hay muchos casos de chicos y chicas que empiezan a escalar posiciones en el circuito de menores y a ganarse el reconocimiento en sus (a veces no tan) pequeñas ciudades de donde son originarios.

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Nicolás Eli, Nico, es el mejor sub 12 de la Argentina. Cuando ganó el primer G1 del año y llegó al Nº 1 de la categoría, al volver a Cañuelas, su familia y dirigentes del Club Cañuelas lo esperaron junto a los Bomberos Voluntarios para que recorra las calles en autobomba hasta la sede de la institución y pueda ser saludado por los vecinos.

En su caso, los logros no terminaron allí: se consolidó en la primera ubicación y ya compite con buenos resultados entre los sub 14 pese a la diferencia de físico. Si bien el camino es largo y destacarse a temprana edad no asegura el éxito futuro, Eli asume su posición con naturalidad e intenta disfrutar del recorrido. Un nombre a seguir.

El correntino Lautaro Midón (no jugó este torneo para descansar) y el rosarino Matías Juri son otros dos jugadores que llaman la atención por sus cualidades técnicas y competitivas, poco habituales para chicos de 13 años.

LA MADRE COMPRENSIVA

No era fácil afirmarse en el polvo de ladrillo. El viento no colaboraba. Tampoco el juego de un rival superior, el Nico al que nos referíamos, “el Nº 1″, invicto en la categoría sub 12 en todo el año gracias a su derecha con excelente biomecánica y a un juego integral con aperturas y toquecitos.

Fede, uno de los mejores 5 jugadores de la categoría de Nico, hacía lo que podía y apostaba a la resistencia. Luego de un disputado punto, no podía con los nervios y dejaba la pelota en la red. “Nada hago, nada”, se recriminó.

A unos pocos metros, su mamá, comprensiva y protectora, quiso darle ánimo y respondió: “Bueno, entonces hacé”.

Fue de las respuestas más simples y expeditivas que escuchamos en todo el fin de semana.

Fede intentó hacer pero Nico todavía es superior.

Quizá eso cambie, quizá no.

Los padres o quienes acompañan a los chicos soportan largas esperas, “sufren” los partidos incluso más que los protagonistas. Luego los aguardan mientras estos se duchan, elongan y hacen el trabajo regenerativo. Si hubo victoria, la vuelta a casa (o al alojamiento temporal) será con sonrisas. Si hubo derrota, no abundarán palabras o gestos. Ya habrá tiempo para interactuar.

En este post no hablaremos de los padres que exigen demasiado, típico de este rubro, digno de un post o un podcast entero. Hay historias increíbles como la del padre que obligaba a su hijo a salir a correr por las afueras del club cuando perdía. Queda para otra ocasión.

PRIMER TRIUNFO POR DUPLICADO

Ocurre en el más alto nivel y también entre los menores y en un G1: cada jugador juega su propio torneo. Están los que tienen aspiraciones altas, llegar a las rondas de definición, y también esos que se contentan con participar con los mejores: la sola intervención es un premio al esfuerzo y evolución.

El triunfo en primera ronda del santafesino Francisco Gay tuvo un significado especial: un luchado 6-3 5-7 y 6-4 representó el primer triunfo suyo en un torneo G1. Un autorregalo para sus flamantes 16 años. También fue la primera victoria (en su primer partido como entrenador) de Leandro Portmann, quien a los 23 años ya es jugador retirado y supo estar 837º del ranking ATP y 377º en dobles hace dos años. Luego de jugar los interclubes en Francia durante las últimas tres temporadas, al volver a Esperanza (Santa Fe), Portmann comenzó a tomar alumnos y por estos días hace sus primeras experiencias acompañándolos a un torneo.

“Estoy más nervioso viéndolo desde afuera y queriendo que Fran pueda hacer en la cancha lo que entrenamos y lo que se que es capaz que la tensión que tenés”, nos dice Leo. “Ahora toca también estar del otro lado de la red y del alambrado, también se aprende mucho”, sintetiza.

Hace poco, Portmann y Gay viajaron 600 kilómetros hasta la frontera a jugar un torneo por dinero. Al llegar al paso fronterizo, se dieron cuenta de que el documento de identidad del chico estaba vencido. Los padres habían firmado un papel para que el chico pudiera viajar con el entrenador pero le faltaba el documento principal. Tuvieron que volver.

CORRALITO PARA PADRES Y ENTRENADORES

Desde hace un tiempo la AAT decidió implementar una ”zona entrenadores/padres” (es definida por cada sede de acuerdo a la disposición que tengan las canchas en cada club), desde donde los entrenadores y los padres podrán mirar los partidos “sin intervenir”. Los corralitos se delimitaron con cintas. Algunos padres cumplen con el requerimiento sin dramas, preparan sus termos de mate, una buena silla y ya. También están los que refunfuñan porque no pueden ver bien y desaprueban la medida.

En los torneos de Grado 1 y Grado 2 de menores, los entrenadores pueden ingresar al finalizar cada set a la cancha –a la zona donde se ubica el banco- a hablar con su jugador durante dos minutos (deben avisar al árbitro que ingresan y estos cronometran el tiempo). Los entrenadores suelen tener varios jugadores a cargo. Si todos juegan en el mismo horario, el coach puede solicitar que ubiquen a sus jugadores en canchas contiguas así pueden atender lo que ocurre con todos.

Una mañana de tenis, yendo y viniendo de un lado del alambre a otro, pueden significar varios kilómetros de desgaste.

Ya con el partido terminado, los entrenadores tienen las típicas charlas pospartido. Los chicos suelen quedar muy dolidos con las derrotas, casi peor que un profesional. Para ellos cada partido es un mundo. Algunos entrenadores tratan de volver a la raíz (esto es un juego, estás en etapa formativa), otros tienen charlas más intensas para darles ánimo…

En el césped de Hebraica podía verse a María Emilia Salerni, una de las mejores juveniles argentinas de la historia, campeona de Roland Garros y Wimbledon. Mucha experiencia para transferirle a su dirigida.

A NO DEJAR EL COLEGIO

“Hasta los 14 años al menos queremos que los chicos vayan sí o sí al colegio”, afirmó hace meses Daniel Orsanic, director de Desarrollo y capitán de la Copa Davis. Dejar paulatinamente el colegio se fue convirtiendo en una epidemia en el ambiente junior: en pocos casos está “justificado” por el nivel del chico, en la gran mayoría son decisiones apresuradas y fogoneadas por la ansiedad de los entornos. Nos hace ruido que juniors de 11, 12 ó 13 años dejen las escuelas para entrenar cinco veces a la semana, con compromisos de personas adultas.

La posibilidad de seguir con los estudios a distancia es válida y efectiva pero le quita las vivencias y momentos compartidos con amigos y compañeros. La alternativa es pedirles entendimiento y “compasión” a los colegios convencionales. De hecho, existe una Ley Nacional de Licencia Especial Deportiva (N° 20.596) que otorga a aquellos alumnos que deban ausentarse por razones deportivas la posibilidad de justificar sus inasistencias (60 días por ciclo lectivo). Son pocos los que conocen y hacen uso de esa herramienta que posibilita sostener una cursada regular y la participación en el circuito.

La historia de Axel Geller quizá sirva como un buen ejemplo: terminar el colegio secundario cursando normalmente y con un gran promedio de notas no impidió su desarrollo deportivo y le dio la posibilidad de decidir continuar formándose académicamente, radicarse en Estados Unidos y seguir una carrera universitaria en Stanford. En su carrera junior ostenta como currículum las finales de Wimbledon y el US Open.

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