Fue buena

28 octubre 2018

Comienzo difícil, dominio extendido

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Roger Federer hizo las inferiores de Basilea como ball-boy durante dos años. Recibió una medalla de parte de Michael Stich en 1993. Otra, dice, de Wayne Ferreira.

Luego debutó como jugador, en 1997 con una derrota en la segunda de qualy. En 1998, con apenas 17, antes de la fase pelo platinado y raquetas al piso, le tocó enfrentar a Andre Agassi. Perdió 63 62 en la cancha bordó, pero mostró lo que sabía hacer.

En el 2000 y 2001, cuando el torneo era auspiciado por una marca de cigarrillos (Davidoff), llegó a sus primeras finales en Basel: cayó ante el sueco Thomas Enqvist en cinco sets y ante Tim Henman en tres corridos. En esta segunda final, ya se veía a Mirka en el banco; se habían conocido en los Juegos Olímpicos de Sydney.

“Después de la final con Henman en 2002 (sic), pensé que no tendría más chances. Tuve dos, las desperdicié. No suele haber tantas oportunidades. Después tuve lesiones, el año que gané Wimbledon por primera vez (2003), 2004 y 2005, hasta que finalmente pude ganar en 2006 y todo cambió desde allí. Estoy contento por cómo manejé las expectativas, las presiones”, dijo Federer esta semana a la ATP.

“Ahí está, lo que estuvo buscando desesperadamente por años, el Davidoff Swiss Indoors”, dice el comentarista de la transmisión del video de 2006, cuando un Roger de pelo corto venció a Feña González. Luego llegarían ocho títulos más. Los únicos que pudieron vencerlo desde entonces fueron Novak Djokovic en 2009 (highlights) y Juan Martín del Potro en 2012 (video) y 2013 (video). Eso demuestra lo poco que sabía Roger de tenis cuando comenzaba su carrera (?).

En aquel primer triunfo de Delpo cubrimos el torneo e hicimos un video no HD (?), típico nuestro, “yendo a la final en un medio de locomoción”, en este caso tranvía. También el ex autor del blog escribió este texto sobre Roger y su ciudad.

El de este año fue un torneo muy irregular de Roger, más confiado en la devolución que en el servicio. Sufrió ante Krajinovic y Simon, no jugó bien la final ante Copil. Venía de admitir que había padecido una lesión en la mano derecha durante la gira de césped, que le había afectado el drive. Esta semana comentó que ya se encuentra bien de la mano, también de la espalda, con ganas de tener un gran cierre de un 2018 que, en Shanghai, llamó “bastante positivo” (lo que duele, seguramente, sean las derrotas ante Anderson en Wimbledon y Millman en el US Open).

Hubo una estadística interesante que mostraba un poco las dificultades de Roger esta semana: en sus primeros dos partidos, el drive iba bastante menos picante que en 2017.

Sin embargo, el suizo pudo ganar en Basilea su título número 99 y, ya sabemos, no sería raro que esté pensando en los 109 de Connors.