Fue buena

31 julio 2019

Perdonar es divino

Filed under: General — TodosLosAutores @ 23:25

Queríamos escribir este post la semana pasada, pero se demoraron en subir el video que necesitábamos: el de los discursos del Salón de la Fama del Tenis.

Nos terminamos llevando una sorpresa.

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Como seguramente sepan, el césped no finalizó en Wimbledon: a la semana siguiente se juega un torneo en Newport, Estados Unidos, y el sábado de las semifinales de ese torneo se organiza una ceremonia de notables (?) en la que ingresan nuevos miembros del Hall of Fame, uno de los máximos «guardianes» de la historia del deporte.

Ser «hall-of-famer» es un privilegio, algo así como la creme-de-la-creme: hay jugadores y jugadoras top ten que no han llegado a formar parte. En Twitter decíamos que es uno de nuestros momentos nerds tenísticos del año: nos gusta ver qué expresan los elegidos. Algunos de estos discursos llegan a ser recordados, como el que dio Andy Roddick en 2017.

Mary Pierce, Li Na y Yevgeny Kafelnikov ingresaron en la Clase 2019. Primero nos había llamado la atención lo que decía Li Na, muy a lo Agassi en eso de admitir que cuando era chica odiaba el tenis. Al menos, la china se amigó con el correr de los años y desde hace tiempo está comprometida con el crecimiento del deporte en su país.

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El discurso más largo y sustancioso fue el de Mary Pierce. Para los más chicos: en los 90, uno de los temas «de moda» era el de los padres (hombres) problemáticos de las tenistas, los que trataban mal a sus hijas (varias de ellas, niñas-prodigio); los que las presionaban demasiado, los que les pegaban, los que las hacían entrenar con métodos cuasi-militares, los que evadían impuestos y demás yerbas. En la bolsa entraron desde el padre de Pierce, el de Dokic, el de Capriati, el de Graf, el de Lucic…

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En el discurso del Salón de la Fama se suele cerrar el ciclo y hacer un balance de la carrera. Sorprendió que Pierce dedicara varias líneas a su padre Jim, quien fue su primer entrenador y la abusaba física y verbalmente, gritaba contra sus rivales, llegó a ser expulsado de Roland Garros 93 por golpear a un espectador, prohibido de entrar a los torneos por la WTA y terminó en problemas legales con su hija, a quien le reclamó parte de sus ganancias cuando ya no tenían relación. Ella debió pagarle 500.000 dólares para que Jim levantara su demanda.

«Se habló mucho de esos momentos pero no quiero entrar en detalles ahora mismo», dijo Mary, ya sin la sonrisa con la que había iniciado su discurso. En la primera fila, con lágrimas en los ojos, la seguía su madre, Yannick.

«Tenía que vivir como una adulta, con un entrenamiento muy duro, por llamarlo así», contó Mary sobre la etapa de su vida en París, donde llegó con su familia a los 14 años. Había días en los que el padre la hacía entrenarse más de ocho horas. A los 16, Mary ya aparecía entre las top 30; a los 17 ya figuraba top 15 y a los 18 decidió abandonar la casa de sus padres (ellos se divorciaron) y hacer la suya, aunque siguió compitiendo, esta vez de la mano de Nick Bollettieri (formador de Agassi, Courier, las Williams y Seles, entre otros). Con él llegó a su primera final de Grand Slam, en Roland Garros 94.

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Si bien ganó su primer Grand Slam en Australia 95, Mary no la pasaba bien porque su padre seguía al acecho y por lo que ella llama «un vacío». En el discurso de Newport afirmaba que la historia tuvo un final ¿feliz?.

«He podido perdonar a mi padre. Ahora tenemos una relación de padre e hija». Mary vive en la isla Mauricio, donde es misionera evangélica; precisamente la cuestión religiosa llenó ese vacío que tenía en sus tiempos de jugadora y permitió el reencuentro con Jim.

«Fue en marzo de 2000, me acuerdo de la fecha exacta, cuando acepté a Jesús en mi corazón». La fe salvó a Mary, quien meses después ganaría Roland Garros (primera campeona local en 33 años) y, después de una lesión de espalda bastante complicada, llegaría a otra final en París en 2005, cuando ya tenía 30 años y muchos la daban como retirada.

La responsable de la «conversión» de Mary estaba en la ceremonia de Newport, lloraba por supuesto, y es una colega, Linda Harvey-Wild, un nombre que seguramente les sonará a aquellos que siguieron la campaña de Gaby Sabatini, los tiempos de Steffi Graf. También estaba en la ceremonia Rachel, la amiguita de Mary cuando ambas tenían 10 años. La historia dice que Rachel era la que jugaba y Mary fue a acompañarla. Cuando invitaron a jugar a Pierce no podían creer lo que veían: nunca había tomado una raqueta y tenía una mecánica excelente. Esta parte de la historia la contó mejor en esta charla TED: cómo fue pasando de cancha en cancha según el nivel de dificultad y el miedo que tuvo cuando le dijeron que volviera al día siguiente, con sus padres.

Muchos usan a la entrada al Salón de la Fama como una terapia a cielo abierto. Ciertamente eso hizo Pierce, quien de chica soñaba con ser pediatra, fue tenista de casualidad, sufrió a su padre y esa semana en Newport les pudo agradecer a los que «la salvaron».

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