Fue buena

27 febrero 2020

Bye bye, Maria

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Los orígenes

Muchas veces intentamos buscarle la «tragedia» a la historia de vida de un/a tenista, pero en este caso una tragedia influyó en el porvenir de Maria: el desastre nuclear de Chernobyl en 1986 obligó a la familia Sharapov (residente a 160 kilómetros del lugar de la explosión) a emigrar muy lejos, a Niagan, en Siberia. Maria nació un año después, comenzó a jugar al tenis desde muy chica en Sochi y terminó, por el consejo de Martina Navratilova a sus padres durante una clínica en Moscú, en la academia de Nick Bolletieri en la Florida. Viajó con su padre porque su madre no tenía visa (no se vieron por casi dos años, y recuerden que no había internet) y de Rusia sólo se llevó libros, porque «quería tener una porción de su país con ella».

Al llegar a los Estados Unidos, su padre Yuri trabajó de lo que pudiera, recibió amenazas y fue sobornado; un tipo de vida diametralmente opuesto al que tienen ahora. Esos orígenes están muy bien explicados por los protagonistas en este video, que incluye parte del regreso de Sharapova a Bielorrusia en 2010:

Ganar en todos lados

Lo primero a destacar de la carrera de Sharapova: triunfó en los cuatro Grand Slams y, asombrosamente, dos veces en Roland Garros (2012 y 2014). En el medio (2013) llegó a otra final en París, que perdió ante Serena Williams. Lo de asombroso obedece a que su estilo de juego no «pegaba» con el polvo de ladrillo; no sabía resbalar en la superficie -en 2007 afirmaba que se sentía «una vaca sobre hielo» a la hora de jugar en arcilla-, su defensa jamás fue su fuerte, pero lo compensó con garra, potencia y físico. Así son las campeonas: escapan a la lógica.

Los Grand Slams (y la plata olímpica y el Masters 2004) vienen primero; el marketing y los caramelos, después. Al menos en nuestro análisis.

En aquel Wimbledon 2004 hizo su presentación en sociedad con apenas 17 años. En el US Open 2006 confirmó su status de campeona pero fue Australia 2008 su mejor torneo: no perdió sets y encajó tres 6-0’s (uno a Justine Henin, la número uno) de ese momento. Dijo que en aquella quincena se sintió «en la zona», aquel estado inconsciente en el que todo sale.

Luego llegaron los dos títulos en París para completar el cuadro.


De lolita a Dama de Hielo

A veces caemos en la cuenta de que, conforme nos vamos deconstruyendo en varios aspectos, hoy no escribimos los textos de igual manera a una década atrás.

Imaginen cómo era la vida de una adolescente tenista rusa, rubia y bella según el estándard de época, y las preguntas que recibía de periodistas hombres. Como esta vez que, con 16 años, debió responder sobre una «Battle of the Babes» con la estadounidense Ashley Harkleroad o sobre la chance de ser la nueva Kournikova (muy buscada por las marcas, nunca pudo ganar un título WTA).

También se lo habían preguntado a los 15. Y la respuesta siempre fue: «Respeto a todos, sólo quiero ser yo misma y no como otras».

Sharapova hizo una gran carrera como celebrity y la continuará ya retirada. Se cotizó mejor que Serena Williams y aprovechó su imagen al máximo. Al trascender su deporte, así también ayudó al tenis femenino. Pero a veces notamos, en la mención a su éxito fuera de la cancha, cierto detrimento a sus logros como campeona. Ambos aspectos no son comparables, quizá sólo medidos en dólares. Que haga lo que quiera con su tiempo libre: todos y todas marcan el profesionalismo de Sharapova en los entrenamientos y, como mencionábamos en el punto anterior, los títulos son son una garantía de su status como deportista en la historia.

Como dice ella en su escrito de despedida: «Detrás de las sesiones de fotos y los vestidos, las canchas de tenis expusieron mis imperfecciones, desafiaron a mi carácter, mi voluntad (…). ¿Qué tanta suerte tengo de haber encontrado un lugar donde me sentí tan expuesta pero a la vez tan a gusto?».

Ayer, en Acapulco, Nadal expresó: «Más allá del éxito que ha tenido fuera de la pista, es un ejemplo de pasión por el deporte. Se ha comportado con una profesionalidad y unas ganas de triunfar muy grandes».

No olvidamos este famoso peloteo entre Rafa y Maria en Roma.

Así como puede haber cierta envidia solapada por sus millones de dólares en esponsoreo, también hay un «deber ser» que se le pidió históricamente a Maria y ella no siguió al pie de la letra. No fue la más amigable entre sus pares, tuvo sus peleas con Serena, y muchas veces la actitud de «ir a trabajar y no mucho más» en los torneos. No toleraba a los periodistas que no llegaban bien preparados y preguntaban tonterías. Lo cual no está mal.

No fue la campeona de la buena onda, pero esa fama oculta su parte de buen humor y bromas (tenía que entrar en confianza, eso sí), y su profesionalismo en general, hasta en el trato con los periodistas.

Los videos virales de estos tiempos ayudaron a encontrar ese lado de Maria que no era tan visible, quizá por su pasado difícil de adversidades y encerrarse en los suyos, por su competitividad a la hora de ser la mejor, por el personaje que creó y le crearon, quién sabe…

Maria fue profesional en su despedida, que estaba al caer después de la derrota en primera ronda de Australia. Lo meditó en el vuelo de regreso y lo hizo público en escritos iguales en Vogue y Vanity Fair. Sumó una entrevista hecha el día anterior en el New York Times (linda anécdota cuenta con Jannick Sinner y hay otra triste, la del encuentro que no ocurrió con Kobe Bryant) y le agregó un mensaje en sus redes sociales.


El final

No, no hablamos de su famoso caso de doping, que tuvo reducción de pena al exculparla de intención de trampa, y que obviamente no la ayudó en la curva descendente.

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El asunto es darnos cuenta, de nuevo, qué tan rotos se retiran muchos y muchas tenistas profesionales. Maria lo relata en la citada entrevista con el NYT: «Veo fotos mías de impactos saltando y me duele. Mi hombro fue un problema desde que tengo 21 años», cuenta hoy a los 32, después de dos operaciones en la zona. «Catorce horas de mi día en los últimos meses se las llevaba el cuidado de mi cuerpo. Antes de entrar a la cancha todos los días estaba conectada al ultrasonido u otro tipo de máquina».

Hoy dice que le duelen los brazos al levantarlos, pero igualmente se animó a su primera vez en el esquí, hace pocos días.

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