Trabajar en equipo, dentro de la cancha
Fue un fin de semana para el recuerdo del tenis argentino y lo más destacado se relaciona con las actuaciones en la cancha, el triunfo de Del Potro y su sorprendente resistencia en ese partido, las victorias de Guido Pella y Leonardo Mayer ante rivales incómodos y situaciones de presión y alto voltaje; también las decisiones, la estrategia y el trabajo fuera del rectángulo de competencia que, ante ciertos pronósticos agoreros, le permitieron a la Argentina conseguir el pase a su quinta final en la Davis.
En FueBuena, ya lo saben los lectores históricos, tratamos de no excedernos en eso de destacar la unión o desunión de un grupo para explicar las victorias o derrotas en la Copa Davis. De hecho, creemos que las relaciones interpersonales no explican resultados en Copa Davis o al menos no son la razón principal.
Sucede que, al final de cuentas, entra uno solo a la cancha en cuatro de los cinco puntos y, si bien tiene mucha más gente por defraudar que si se tratara del circuito ATP, tiene que resolver por él mismo, con la raqueta, pelotita, el rival, la cancha y las condiciones… Cuando esa situación da resultados y el modus operandi se transforma en un proceso positivamente sistemático vale la pena destacarlo.
«Eu, ¿sabes vos si ya salió el post de FueBuena de la Davis?»

«Decile a Orsa que se quede tranquilo, que se relaje por allá y lea».
El ejemplo más crudo es el de los tres puntos de esta serie con tres victorias de jugadores distintos. En Pesaro había definido Delbonis; en Glasgow, Del Potro pagó en el pleno más complicado, Pella mostró un sorprendente aplomo y Mayer se siguió enamorando de la Davis, y la Davis de Mayer.
La última vez que había sucedido para Argentina fue contra Austria, en la primera rueda de 2007. Aquella vez sumaron José Acasuso, Guillermo Cañas y el punto decisivo lo logró Del Potro, que debutaba en la Copa Davis, con un éxito en cinco sets sobre Jürgen Melzer.
No se trata de si tal se peleó o amigó con tal otro o de si todos bailaron y tomaron birra después del triunfo como cualquiera de nosotros un fin de semana; es el trabajo en equipo a lo largo de una serie, de varias series ya, y la capacidad de adaptarse según necesidades, circunstancias y realidades.
El trabajo en la cancha. Es más aburrido, no hay novelas, pero es así.
La planificación de Orsanic y de sus ayudantes comenzó mucho antes de los partidos y ese convencimiento sobre cuál era la forma de ganar esta serie quedó plasmada en el desarrollo final. Por añadidura, hubo poco de improvisación y mucho de proyectar y de armar el rompecabezas de la forma que más rédito diese.
En ese escenario, para que el resultado fuera positivo, los jugadores estuvieron por encima de la media en términos tenísticos-anímicos y cumplieron con la cuota de rendimiento indispensable para bancar una parada tan brava. Ganar una semifinal de visitante y contra Andy Murray no fue magia (?): Argentina ganó por ser el equipo más largo, porque siguió derribando varios preconceptos y explotó el peso específico de cada integrante en el momento indicado.
Recordemos: los británicos tenían al campeón olímpico y de Wimbledon, al campeón del US Open en dobles… Se les atacó por el lado más débil. Es el vigente campeón de la Davis.
Si intentamos poner situaciones en contexto, el triunfo de Del Potro ante Murray el viernes fue lo más «sorprendente» del fin de semana ¿Él también se seguirá sorprendiendo a sí mismo con partidos así? Si el camino desde su regreso en Delray Beach hasta la medalla en Río el tandilense fue pasando de grado, ante Murray hizo un master público en cómo-romperla-toda-y-ganarle-en-cinco-horas-a-un-top-3. Del Potro ahora es el CEO de su propia empresa (cuerpo), en esta especie de segunda vida en el tenis.
No obstante, el costo físico de ese partido fue altísimo, era el riesgo que había que correr (todo el grupo estaba al tanto de que podía pasar). El kinesiólogo del tandilense, Diego Rodríguez, explicó que, en otra situación, luego del estado general de Del Potro tras ese partido, le hubiera dado no menos cinco días de reposo y recuperación para volver a moverse.
Con el 2-0 que puso Guido Pella borrando de la serie a Edmund (le mandó al tacho la confianza de buenas victorias ante Gasquet o Isner en el US Open), la decisión fue ir tras ese primer match-point con el tandilense en la cancha, sabiendo que el domingo ya no podría estar en condiciones. Para adentro, todo estaba claro. El equipo hizo silencio, porque era lo que quería y creía mejor estrategicamente.
De ahí la lógica de las decisiones, arriesgadas, que, por si hacía falta, luego explicaron Orsanic y el resto de los jugadores y dejaron tecleando a los detractores de escritorio y a las conjeturas oportunistas. Y luego hablaron sus raquetas.
Básicamente, la raqueta de Leo Mayer, más que hablar, sonó. No era un partido sencillo, pero en la Davis el correntino se abstrae de cualquier momento o realidad y logra volver a su programación de base, la de un tenista que juega con menos márgenes (que por eso tendrá más puntos altos y bajos) pero que cuando entra en sintonía y le pega fuerte a la pelota es quien dicta el juego y se convierte en un rival de calibre.
En el raquetero ya carga diez triunfos en singles consecutivos y un récord global de 13 triunfos y cinco derrotas.

Resta la última pieza del rompecabezas, la más difícil, para cerrar la faena completa a domicilio. Croacia es un rival de peso, aunque luzca más «jugable» que Rusia en 2006 y España de 2011.
Ya habrá tiempo para analizar en profundidad a Cilic, Coric, Dodig, y demás cuestiones de ese enfrentamiento. Mientras tanto, seguimos con la cábala por bilardistas (?) y nos permitimos una nueva broma con esto:
Y ahora queremos que Marin Cilic tenga un gran fin de 2016 en el tour ATP y gane el Masters (?). https://t.co/AcU0JlwvQ2
— FueBuena (@FueBuena) September 19, 2016




