Fue buena

13 enero 2011

Una semana en San Pablo

Filed under: Coberturas — Jorge @ 10:15

Existe un torneo con 100.000 dólares en premios que tiene entrada gratis. Se jugó la semana última en San Pablo.

Un challenger con entrada franca, tal como dicen en portugués. ¿Por qué es posible? Se realiza en un parque público, el Villa-Lobos, alguna vez un depósito gigante de basura, hoy un tremendo parque multiuso, con canchas de varios deportes. Está prohibido cobrar el ingreso en un lugar así, por eso cuenta con entrada libre. Las ganancias del torneo provienen de los sponsors, aunque los costos de hacer un torneo así en un parque doblen a los que se asumirían si se organizara en un club.

El torneo aparece y desaparece en unos días: todas sus estructuras (sala de jugadores, vestuarios, baños, oficinas) son instaladas para estas semanas, incluido un future en la semana previa. Jugar en un parque y con entrada franca tiene sus particularidades: entre el público hay gente con perros, en rollers, con perros en rollers, con bicicletas, gente que entra en el medio de los puntos y gente que no.


Natasha, mascota del ex top 100 brasileño Alexandre Simoni, en la central.

La cancha central es un megaestadio con una particularidad: hay 13 metros de fondo cuando lo reglamentario es 6m60, y 10 de los costados cuando se necesita 3m40 por lado. Es una idea del promotor, para otorgarle calidad de grandeza al estadio principal. De hecho, calculó las mismas medidas del Rod Laver Arena, en Australia.

¿Por qué estuve allí? Cuestiones 2.0, podríamos llamarlas: GustavoL, comentarista frecuente de FueBuena, fue nombrado director del torneo para esta edición y gestionó la invitación, con un lujoso apartamento en el Staybridge Suites, con cocina, antebaño, etc… En el anteúltimo día se lo podía ver a Gustavo dando entrevistas al portal local Tenis News. La invitación también incluyó la aparición de Claudio, eficaz transfer desde y hacia al aeropuerto.

Entre las funciones de director están la de designar a los invitados a los distintos cuadros de competencia, intentar satisfacer los requerimientos de los jugadores, en coordinación con el supervisor de la ATP; hacer la programación diaria con él también; supervisar que todo se cumpla… Verificar quién entra y sale del hotel, a pesar de que hay una persona específica para eso (de hecho, hay jugadores, no argentinos en este caso, que pichulean días de hotel mientras calculan si entran a tal o cual torneo).

«Cuando a alguno en la tribuna se le va la mano, debo ir y conversar con el tipo, y avisarle que la próxima se lo echará», me cuenta GustavoL. «Cuando llueve, llamar para reservar cancha cubierta», agrega. Hay varios ítems más que ya ni recuerda. Lo veía de un lado para el otro, calculo que habrá bajado varios kilos esa semana.

El torneo me sirvió como experiencia de campo. Hice vida de tenista por una semana, aunque sin jugar ni entrenar como ellos, ni vivir el stress de los partidos entre otras cosas. Me moví con ellos (Máximo González, Federico Delbonis, Horacio Zeballos, Juan Pablo Brzezicki y Andrés Molteni, más sus entrenadores) y de eso trata este post.

Muchas veces consideramos a los jugadores de tenis entre estas dos categorías: «privilegiados-que-conocen-el-mundo-y-se-llenan-de-dólares-y-tienen-todas-las-minas» o también en la de «profesión-fugaz-y-sacrificada-que-les-saca-la-adolescencia-y-toda-la-vida-en-un-aeropuerto-y-a-los-30-son-jubilados». Hay un poco de todo eso, aunque en este nivel de juego, muchos menos dólares.

Lo primero es notar que si hay algo que deben soportart los tenistas en un torneo es demasiado tiempo muerto. Deben estar en el club mucho antes de su partido (por si alguno abandona antes y se adelanta la programación, para calentar media hora antes de sus encuentros) y esperar por su single, esperar algunas horas más si juegan dobles, y como pasó en este torneo: los cuatro primeros días de lluvia completa. Todo el día, del 1 al 4 de enero.

En el verano de San Pablo, me contaba Gustavo, es común que llueva por la tarde, pero lo del comienzo de 2011 no es común. Esto excede lo que ocurría en el torneo y comprende noticias trágicas en San Pablo y especialmente en Río.

Llegamos al miércoles y todavía faltaban completarse partidos de las clasificación. Para colmo, en San Pablo escasean las canchas cubiertas: algunas que había, se tiraron abajo para construir edificios. El día de la final entre los brasileños Ricardo Mello y Rafael Camilo fue el único en el que se pudo cumplir la programación que figuraba en el papelito oficial.

Durante los primeros días, las raquetas solían descansar en el piso.

«No hay nada más quemante que esto… Menos mal que no estamos tan lejos», dice Paul Capdeville. La palabra «quemar» es muy utilizada en el vocabulario del tenista. Por ejemplo, en un restaurante, cuando hay una cola larga y no se tienen ganas de esperar, sale un: «Uy, quemé», y se va para otro lado. El verbo viene de las esperas, de los tiempos muertos, y también de quemar en los partidos, cuando se abandona la lucha mental.

¿Qué hacen los jugadores en San Pablo bajo lluvia? Hay una decena de computadoras con Internet. Hay sillones para tirarse. El mexicano Santiago González selecciona películas en su Mac, e invita a su compañero de dobles, Zeballos, a ver una que ambos consideran malísima: Pirañas. El final, de tan malo, les hace reír. Días después irán al cine a ver la tercera parte de los Fockers, y esa les gustó un poco más.

El brasileño André Sá le saca provecho a su Ipad, y busca ayuda para terminar de completar un test de inteligencia IQ. Gustavo Marcaccio lee «El General en su laberinto», de Gabriel García Márquez. Hay un bol de bananas en la mesa; agua, bebidas zero y gaseosas en heladeras.

La estrella de la semana es el truco entre los argentinos. Me doy cuenta de algo: el póker, ese juego enviciante, colonizador, me había quitado el truco, noble divertimento criollo, símbolo de las carpas y sombrillas de playas argentinas (¿?)

Qué bueno volver a ligar 31, qué malo que te ganen de mano. En los duelos de cuatro y de seis jugadores, el que perdía debía pagar cinco reales, y cinco más si «dormía afuera» (si no llegaba a superar los 15 puntos). Paul Capdeville, Guillermo Alcaide, el mismo Sá, se acercaban a ver qué era eso que hacía gritar a los argentinos palabras extrañas como «envido» o frases como «quiero vale cuatro».


Se armó el trucacho en la mesa principal.

La blackberry comparte el estrellato con las cartas. Mandan mensajes a las novias, chatean con los amigos, incluso reciben mensajes de voz de los hijos en vivo, como es el caso de Leo Olguín, coach de Brzezicki. «Tenés que hacer una nota en el blog de cómo cambiaron las comunicaciones tomando al tenis como ejemplo», me sugiere el Polaco. «Fijate que Leo llegó a mandar cartas cuando estaba de viaje, por lo caro de las comunicaciones». Leo tiene apenas 35 años.

Lo segundo que analicé en esta semana es que el tenista de este nivel, el de challengers, vive haciendo apuestas. Y no hablo de bwin, sino de apuestas en su carrera, a corto y largo plazo.


¿Qué mirás, sátiro? Rollers y bici entre los espectadores.

Tomemos el caso de Máximo González. Con su coach, Marcaccio, analizaron a fin de año que no era bueno ir a Australia para jugar la qualy (si se fijaron, no hay argentos en la clasificación masculina, sí en la femenina). Empecemos por San Pablo, entonces, un torneo que da muchos puntos, pero que es un certamen solitario, al que le falta compañía para completar una gira (no estaría mal un challenger en cemento en Argentina en enero para unírsele).

Machi tuvo problemas con el vuelo para llegar a Brasil, esperó los cuatro días enteros de lluvia; jugó con problemas gástricos y resfrío, sufrió el calor, perdió ante el español Menéndez Maceiras, correcto tenista, ganable para él, y se despidió en primera ronda. La derrota lo obligó a cambiar los planes, se bajó del doble y volvió a Buenos Aires. Volverá recién en la qualy del ATP de Chile.


Marcaccio, González y Alcaide observan al zurdo de Azul.

Zeballos atraviesa una mala racha: fuera de los top 100 y buscando reencontrarse con eso que llaman confianza. Hablamos un rato el último día, quedó una nota en video que subiré cuando termine Australia.

Cebolla buscaba en San Pablo los puntos para volver a figurar entre los cien mejores. En segunda ronda, un partido parejísimo contra un pegador como Camilo, hermano de un medallista olímpico en judo. Zeballos tuvo dos match points, pero perdió el tie-break del tercer set por una volea que tenía controlada y no pudo meter adentro.

Camilo siguió hasta la final, levantando match points, en total, en tres de sus cinco partidos del cuadro principal (venía de la qualy), hasta perder la final con Mello, en un partido que se jugó con 41º al sol, 32º a la sombra.

El marplatense se quedó en San Pablo, un poco bajoneado, y con el mexicano González, llegó a la final de dobles.


Molto y el cariño de Sepi, su entrenador.

Molteni, quien solía vivir en los futures y ahora se mete de a poco en los challengers, hizo una apuesta: jugar este torneo en plena pretemporada, todo duro por la exigencia física. En cancha central, pudo ganar una ronda (al brasileño/sueco Lindell) y subió nueve puestos en el ranking, hasta el 258. El año anterior, Eduardo Schwank también había viajado a San Pablo en plena pretemporada, y con los puntos de haber llegado a la final, regresó al top 100.

Los cambios de planes obligan al llamado por celular al agente de viajes. Los jugadores tienen línea directa desde cualquier parte del mundo con el agente particular, que les irá modificando los vuelos para salir antes o después. El tenista suele pagar multas, a veces las zafan, y a la vez suman millas por utilizar tanto el avión, pero no siempre es fácil cobrarlas libremente (mientras que las tasas se pagan sí o sí).

El encargado de la agencia está a disposición permanente, quizá de varios tenistas. Recibe el llamado, prende la compu y quizá haga él/ella mismo el cambio en el sistema.

Por la época del año, el torneo plantea otro desafío: cómo y cuándo llegar de Brasil a Australia. Nueve jugadores que viajaron a San Pablo jugaron o juegan la qualy en Melbourne. Las combinaciones son diversas: vía Europa, vía Johannesburgo, vía Buenos Aires, vía Santiago de Chile… Menéndez es un caso notable: 15 horas para llegar a Doha y 13 horas para finalmente arribar a Melbourne. Más de un día en clase turista. Al final creo que no fue, porque no lo vi en el cuadro.

Es posible, incluso, que lleguen y no puedan jugar, porque significa que no estuvieron a tiempo para la firma de la clasificación (es necesario estar en el torneo para certificar la participación en la fase previa, lo que se llama «firmar la qualy»).

Santiago González cuenta que una vez viajó a Australia porque creía que entraba a la clasificación de toda la gira oceánica -había tomado como base los rankings de acceso del año anterior- y al llegar al lugar se dio cuenta de que había muchos colegas con ganas de jugar, y se quedó afuera de TODA la gira al no entrar por ranking a las qualies. Calcula que perdió 10.000 dólares y no le quedó otra que quedarse entrenando.

Sigue el truco entre los argentinos, pero también hay lugar para las charlas en las comidas. Política, cine, mujeres, tenis también… Se armaron polémicas interesantes entre los entrenadores (de más de 30) y los jugadores (no llegan a 30), como por ejemplo: ¿Se sacaba mejor antes o ahora? ¿Ahora sacan más fuerte? ¿Eso significa «mejor»? ¿Cuándo era más fácil «meterse», antes que jugaban supuestamente peor, o ahora que se juega mejor? ¿Se juega mejor? ¿Qué es jugar mejor? ¿Cuánto incide los cambios de superficie, raquetas y pelotas?

Les digo que las discusiones que se armaban eran para escuchar con atención. También las anécdotas, algunas de tenistas conocidos, como aquella del jugador que vivía largando gases en los aviones, incluso dormido. No me pidan el nombre.

En San Pablo estamos bien lejos de los dos millones de dólares que cobró Federer por jugar Abu Dhabi y Doha… El jugador que no vive en Brasil recién recupera lo invertido si llega a cuartos de final (sin contar el doble). Como decía Juan Pablo Brzezicki, se trata de una inversión. Pueden leer la entrevista que le hice, en la que habla de estos temas y cuenta qué objetivos tiene un jugador de challenger a los 28 años. El Polaco, un trotamundos, recuerda un año en el que empezó a contar cuántos vuelos tomaba. Terminaron siendo 42 al llegar al mes de abril, y paró de contar.

Las salidas por la noche son escasas en plena competencia. A la vuelta del súperhotel hay un patio de comidas, punto obligado de cada noche. Se cena temprano, porque además cierra todo a las 22. Delbonis, en plena dieta que nos contó en video, elige ensalada de frutas cuando los demás optamos por un helado con chocolate derretido.

Quizá haya un truco más hasta las 22.30, chateo, playstation o poker en la habitación y a madrugar al día siguiente. El desayuno ofrece un vicio, el pao de queijo (pan de queso). Se me ocurre decir que es parecido al chipá, y me mandan a callar.

El hotel tiene 31 pisos y un helipuerto. El centro de San Pablo, sabrán, es una colección de edificios gigantes. Sin cámara que registre el momento, un mediodía subí al último piso, trepé unas escaleras y llegué al helipuerto. Momento místico, parado en un círculo de cemento del imaginario piso 32 del barrio de Itaim, el viento en la cara, observando desde el techo la ciudad que pareciera no tener horizontes.


El hotel, con foto nocturna de celular.

La semana del jugador es rutinaria, pero más lo es la preparación de los partidos. Algunos escuchan música, otros quedan mirando a un punto fijo en el horizonte, absortos. Un par no tiene problemas en charlar con los colegas, incluso sus rivales, antes de los partidos. Se lookean con la indumentaria del sponsor, la vincha, la muñequera, toman el batido proteico que les ayudará en la recuperación post-match, un peloteo para calentar, y a contar los minutos que faltan para empezar.


Hay lugar para el tenis social. Las fotos son de abertosp.com y mías.

A medida que iban perdiendo, algunos viajaron a Australia, otros volvieron a sus casas… Sabemos que la sala de jugadores es un no-lugar, pero ver cómo se vacía, cómo empiezan a escasear los raqueteros, lo solitaria que está el sábado y domingo, provoca un dejo de nostalgia, aunque todos sepamos que es un lugar de paso.

Delbonis fue el último que aguantó en individuales: ganó tres partidos en un torneo en cemento por primera vez en su carrera, y perdió la semi con Mello, en un partido que se suspendió cuando el local ganaba 5-4 el tercer set. Regresaron al día siguiente para jugar cinco puntos.


Mello y Rafael Camilo, que pega más que su hermano judoca.

El último día, justo antes de rajar para el aeropuerto, me reencontré con eso que llaman tenis, con la práctica del mismo. Meses después de la última vez. Aproveché las canchas pintadas especialmente para este torneo, me ligué un elogio de Zeballos por la ejecución de una volea de revés, y puse bastante nerviosos a los que esperaban para jugar en el turno siguiente al mío.

El sistema de las canchas públicas es jugar media hora o un set, y entra el siguiente. Mi set venía rápido, pero me la compliqué con un par de doble faltas y errores adrede para poder jugar un tiempo más y darle confianza a mi rival. Podía escuchar los «ufffff» del hombre apoyado en la puerta. Se daba cuenta el tipo.

Cuando finalmente nos fuimos, se armó la polémica que permite este sistema: una discusión por ver quién estaba primero. «Hace una hora que estoy esperando allá», decía uno. «Noooo, nunca te vi, estoy acá preguntándoles a los chicos cuando terminaban. ¡Es mi turno!».

Pasé diez minutos después, con la valija, y la pelea se había resuelto de la mejor manera.

Armaron un doble.

56 Comments

  1. http://www.youtube.com/watch?v=oq8GnIQ7ITU&feature=mfu_in_order&list=UL

    Comentario by durich100 — 15 enero 2011 @ 19:09

  2. Jorge, no vas a Australia entonces?

    Editado por Jorge: No, intenté armar pero salió lo de Serbia, llegó fin de año y no me daban los números.

    Comentario by durich100 — 15 enero 2011 @ 19:12

  3. ya me aburre elogiarte… hasta te diria que me resulta tedioso, pero me debo a mi mismo el aporte de hacerlo para que sigas haciendo posts como estos!!! espectacular!!

    Comentario by Milton — 16 enero 2011 @ 00:44

  4. Gran post Jorge!! coincido con el comentario de mas arriba algun diario tendria q aprovechar estos relatos y contratarte para q cubras todos los torneos!

    Comentario by la meli — 16 enero 2011 @ 13:16

  5. Magnífico. Me encantó el relato. Lo he dejado atrasar para leerlo con tiempo.

    ¡Te subiste al helipuerto!. ¡Qué tendrán las alturas! En ese hotel el 0.01% de sus clientes se sube al helipuerto.

    Gracias.

    Comentario by IDAFE — 17 enero 2011 @ 19:32

  6. sensacional post, jorge!!!

    la «belleza»:

    «el póker, ese juego enviciante, colonizador, me había quitado el truco, noble divertimento criollo, símbolo de las carpas y sombrillas de playas argentinas»

    ME ENCANTÓ!! JAJA

    Comentario by wirfol — 19 enero 2011 @ 16:04

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